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Colonizados hasta en el deporte

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Suiza y República Checa, como muy pocos, silenciaron el derroche de talento francés y la jerarquía de ‘la Naranja Mecánica’ Los triunfos checos y suizos conmovieron al fútbol europeo y, seguramente marcaron un hito importante en la historia de las Eurocopas. Aquí, en Sudamérica tal hazaña no permaneció desapercibida, más aún, fue un punto de inflexión para el resurgir de muchas ratas que salieron hambrientas a comparar, criticar e incluso chiflar el nivel exhibido en Copa América por los combinados nacionales.

Las distancias entre América y Europa son extensas…Vastas en todos los aspectos; desde lo sociocultural hasta las grandes esferas económicas, donde indudablemente el viejo continente predomina, a tal punto que, suena absurdo hablar sobre tasas de pobreza extrema del 12,5% o caídas del PIB de -7.7%  (CEPAL, pobreza Latinoamérica). Una estabilidad infranqueable que ha trascendido a cada entorno, incluyendo el fútbol, cuyo medio goza de una sólida estructura financiera y competitiva que ha derivado en la consecución de múltiples títulos mundiales a manos de Francia, Alemania o España.

Lo asociativo del fútbol español, el juego directo y vertical de los ingleses y el estilo rocoso del “Catenaccio” llaman la atención de esas miradas latinas sin memoria que, hace largos años se avergüenzan de su identidad: una pena que aborrece al indígena, el campesinado y lo afrodescendiente: Que niega a las voces en alza y las divergencias en el pensamiento, cuyas convenciones carecen de cultura y diversidad, y resultan impregnadas por el estallido de la globalización que no solo ha tiznado las calles de unas cuantas imponentes industrias, sino también el modo de comprender el mundo y hasta jugar al fútbol.

Las críticas hacia el fútbol sudamericano de hoy son un calco del colonialismo europeo de ayer: Fanáticos, entrenadores y periodistas que aborrecen su fútbol, historia e identidad y, abogan por una idea sistematizada, física y a priori carente de creatividad ¿Acaso el “Jogo Bonito”, la magia en el regate y los pases cortos no son rivales para el fútbol físico y casi mecánico de los europeos? No por nada, Neymar y Ronaldinho han avivado en colores partidos solo con su samba y contorsionismo en el campo de juego. En India, Italia y Perú las calles se pintan de un aroma distinto y a su vez una manera de tocar y mover el balón distintas: Queiroz intento europeizar al colombiano y solo obtuvo un encontronazo con su herencia futbolística, ahora, Tite desea robotizar un estilo rebelde y fluido que por años consagró a la “Verdeamarela” como la mejor del mundo: En Brasil no gusta y menos parece que funcione, ya que el nivel del seleccionado ha decrecido con el pasar de los encuentros.

Nos robaron los conceptos, los jugadores y hoy nos imponen una manera de ser con el balón. Quizás en 20 o 30 años ya ha desaparecido la fantasía del “Jogo Bonito” y la mística del mediapunta. El futbol del mañana será el de los autómatas, las canchas grises y los balones cuadrados; un futbol hegemónico que adolecerá la extinción de las fantasías en cancha y arte en las gambetas.