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Se fue un ídolo, Ricardo Ciciliano.

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Porque hoy, más que nunca, recordar es vivir. Un ídolo es llamado a la exclusiva selección que se está formando en el cielo. Gracias infinitas Ricardo Manuel Ciciliano.

«Ciciliano, Ciciliano, cantalo, cantalo, cantalo, cantalo, cantalo, cantalo, cantalo, cantalo… goooooooooooooooooool. Goooooooooooooool de Millonarios, sí señor, del equipo de Colombia. Millonarios le gana a Sao Paulo por 1 a 0 con gol de Ciciliano y empieza a saborear las semis de la Copa». Así narraban en la televisión internacional el primero de las dos goles de la gloriosa noche en la que le convirtió dos goles a Sao Paulo con la camiseta de Millonarios.

TRAYECTORIA
Ricardo Manuel Ciciliano Bustillo nació el 23 de septiembre de 1976 en Soledad, Colombia. Más de 20 años siendo futbolista: debutó en 1993 y se retiró en el 2012. Hoy, 17 de septiembre de 2020, 5 días antes de que cumpliera 44 años, y como si el clima -por lo menos en Bogotá: aguacero fuertísimo, rayos y tarde oscura aunque fueran las 4 de la tarde- ya lo anticipaba, Ciciliano se despidió del mundo. Por favor, no lo recordemos porque una neumonía fue la que se lo llevó. Recordemoslo, por su inteligencia -no solo en el campo de juego-, por su sencillez, por su palabra firme, por ser un gran ser humano.

Ese gran 10, frentero, responsable, humano, caballero, comenzó su carrera en el Pereira, luego pasó al Tolima, se fue después a jugar con el Bucaramanga, Pasto y Quindío, volvió a continuar con su gran paso por el conjunto ‘pijao’. En el 2005 llegó al Cali y un año después pasó a Millonarios. El Once Caldas lo acogió con los brazos abiertos en el 2008, el año siguiente fue compartido para el Junior y de nuevo para el ‘embajador’. Para el 2010, y con 34 años, le alcanzó para ir al exterior, jugó en Perú con el Juan Aurich. En 2012 volvió a tierras colombianas a jugar con la Uniautónoma y su carrera terminó ese mismo año estando en las filas del Atlético Huila.

Fueron 540 partidos en total los que jugó, 121 goles los que anotó y un penal el que atajó. Y qué historia la del penal (aquí resumida): 19 de noviembre de 2006. Domingo de fútbol en El Campín. Millonarios se enfrentaba al Medellín y por el local tapaba Juan Carlos Henao, los calambres no lo dejaron continuar y tuvo que ingresar José Fernando Cuadrado pero fue expulsado luego de cometer un penal cuando faltaban 7 minutos para el final del partido. “Yo no soy arquero, pero siempre me ha gustado trabajar con ellos y meterme al arco.», y así fue, el 10 de cabeza rapada, Ricardo Ciciliano, se puso los guantes, un buzo que le quedaba gigante -el mismo con que se le enredo en el cuello- y se paró en la mitad del arco. Jaime Castrillón fue el encargado de patear el penal de los paisas, y lo lanzó a la derecha, al mismo lugar que el calvo con la 12 en la espalda, en ese momento, se lanzó. Castrillón no pudo celebrar, Ciciliano si. No era un gol, no era haber ganado un título, pero como si así lo fuera lo gritó El Campín. Curiosamente un día antes había fallecido su abuelo, “No esperaba taparlo, pero así son las cosas de Dios. Mi abuelo falleció ayer (sábado) y creo que él me ayudó para tapar el penalti de Jaime Castrillón”, decía Ciciliano al finalizar el partido.

TÍTULOS 
Ganó 4 títulos en total: un Campeonato Sudamericano Sub-17 con Colombia en 1993; dos Torneos Finalización, uno con el Tolima en 2003 y otro con el Cali en 2005; una Primera División de Perú con Juan Aurich en 2011. Logró dos distinciones individuales: ser goleador de la Copa Sudamericana de 2007 con 6 goles; y fue incluido en el equipo ideal del Torneo peruano en 2011.

Y para finalizar, quiero incluir aquí un pequeño recuerdo. Por si usted, que está leyendo, no se dio cuenta quién escribió esta nota, me presento. Mi nombre es Lucas Martinez Melo, tengo apenas 20 años y la primera vez que mi papá -que en este momento, junto a mi abuelo paterno, deben estar abrazando a Ciciliano en el cielo- me llevó al estadio fue un 10 de septiembre de 2006. Millonarios se enfrentaba a Santa Fe. Nunca entenderé el porqué pero mi padre me llevó en el partido que el ‘cardenal’ era el local, cuando él quería que yo fuera hincha del equipo azul. Millonarios perdió 3-2, aún así yo quedé enamorado del ‘embajador’. Y aunque Orlando Ballestero hubiera sido el jugador que marcó los dos goles azules, en mi mente no se grabó ninguno. Lo que si quedó grabado fue la tranquilidad, la capacidad, el talento, el juego del calvo que yo veía con la 10, Ciciliano. Ese calvo fue mi ídolo de infancia, y no de solo de la mía, y no de solo niños, de jóvenes, adultos y viejos también.

Gracias Ricardo Ciciliano y, en este caso, gracias a ti papá por haberme llevado precisamente ese día, a ese partido y dejar grabado en mi mente lo que fue ese calvo talentoso.

Descansen en paz.