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DE PORTERO A MÉDICO: HISTORIAS DEL DOCTOR OCHOA. ESPECIAL (PARTE 1)

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El doctor Ochoa fue una leyenda de nuestro fútbol. Pero todo lo que hizo por la historia de este deporte, no solo la realizó desde su extraordinaria labor como entrenador. El fue alguien que estuvo vinculado al deporte desde su juventud. No solo en el fútbol. El fue un eterno amante de la hípica en su Antioquia natal.

El mundo de los caballos estuvo cerca privar al fútbol de un hombre del conocimiento y talento de  Gabriel Ochoa Uribe. Antes de ser futbolista, Gabriel, nacido en el municipio de Sopetrán (Antioquia), era jockey en el Hipódromo San Fernando, de Medellín, y llegó a ser campeón nacional en esa disciplina. Pero siendo un adolescente, sobrepaso el peso ideal para ser un jinete de carreras profesional y tuvo que abandonar la hípica. Quien lo introdujo en el mundo de los caballos fue su padrastro, Ian García, pues su padre, Pedro Pablo Ochoa, había muerto sepultado en un socavón. Era minero. Y Gabriel apenas andaba por los dos años de edad.

La madre de Don Gabriel. Tránsito Uribe,  quería determinar el destino y camino para el futuro profesional y personal de él.  Sus estudios en el Colegio San José, de padres salesianos, debían conducirlo por el camino del sacerdocio o, en su defecto, la medicina. Pero Ochoa Uribe, terco u obstinado como siempre en sus objetivos, no siguió los consejos ni deseos de doña Tránsito. Se hizo futbolista. Se hizo arquero.

Una tarde, en el patio del colegio de Gabriel, apareció Jesús María Burgos, una especie de cazatalentos de la época que no era sacerdote, pero le decían el ‘Cura’ (por haberle sacado sin permiso a su tío, que sí era padre de la iglesia, unas hostias para repartirlas entre sus amigos), y se fijó en ese chico alto, delgado y moreno, de 17 años, a quién le preguntó de qué jugaba. “De nada” iba a contestar Gabriel. Pero el mismo Jesús se respondió: “decime que sos arquero”.

Jesús María Burgos, hábil, perspicaz e inteligente en el mundo del fútbol, convenció pronto al jovencito que inesperadamente se había vuelto arquero en el patio de su colegio sin haber tenido antes una pelota en sus manos, con Gabriel Álvarez García, encargado de las divisiones menores del Atlético Municipal, que luego sería el Atlético Nacional. Doña Tránsito insistía en que su hijo tenía que ser médico o sacerdote. Gabriel, entonces, le hizo caso en lo primero. Pero sin dejar el fútbol.

América de Cali se fijó en él y lo contrató por 25 pesos mensuales de salario, en 1948, bajo la dirección de uno de los tantos maestros que tuvo Don Gabriel, Fernando Paternoster. Solo cinco partidos atajó Ochoa con América. Porque apareció un señor, tremendo dirigente, llamado Alfonso Senior, que quiso a Gabriel en Millonarios. Y allí fue a parar. Llegó al edificio «Los Embajadores» y se instaló en un cuarto en el quinto piso del edificio. Ya en la Atenas Sudamericana, como se le llamaba a la Bogotá de Antaño. Simultáneamente, a la facultad de Medicina de la Universidad Javeriana de Bogotá. Doña Tránsito era feliz. Los libros de lunes a viernes. Y los domingos, la pelota. Don Gabriel ahora ganaba 560 pesos.

En 1949 comenzó otra historia para Gabriel Ochoa Uribe. Integró el ‘Ballet azul’, como lo decían a ese Millonarios de la época que brillaba mundialmente por los pies de Adolfo Pedernera, Alfredo Di Stéfano, Néstor Raúl Rossi y, más tarde, por las manos del emblemático arquero Julio Cozzi, del que Gabriel, inevitablemente, tuvo que ser suplente. Pero al lado de esa constelación, Ochoa fue campeón del fútbol profesional colombiano en 1949, 1951, 1952 y 1953, y cómo no recordarlo, primero en el Campeonato de Bodas de Oro del Real Madrid, sobre el que Millonarios se impuso con categoría.

“Era gente muy buena, eran todos jugadores que se habían preparado para ser futbolistas profesionales. Adolfo era muy culto. Y Carlos ‘Cacho’ Aldabe también. Él ya había pasado por la universidad y era profesor de educación física. Era un hombre que nos daba muchas imágenes de cultura, de orientación, de manejo, de ambiente social. Adolfo era un hombre de mucha personalidad. Manejaba las cosas con un criterio enorme, con mucha responsabilidad en el atleta; Alfredo era muy alegre; Nestor Raúl Rossi parecía un niño. En el campo era un león, golpeaba a diestra y siniestra, pero él salía del campo y se apagaba inmediatamente su personalidad. No tuvimos problemas nunca. Alfredo Castillo fue un gran jugador también”, señaló Ochoa en una entrevista a RCN Radio hace varios años.

Adolfo Pedernera le dijo a Ochoa: “algún día voy a traerte un arquero del que vas a aprender mucho”, y así fue como en 1950 llegó proveniente de Platense Julio Cozzi. Con la presencia del guardameta argentino, el portero colombiano no tuvo mayor continuidad en el equipo titular de El Dorado. Sin embargo, fue la compañía de Cozzi lo que reafirmó las palabras de Pedernera y significó una escuela para Ochoa como jugador y, años después, como técnico. “Mi maestro Julio me dio la grata satisfacción de que lo que me había enseñado Fernando Paternoster en Medellín, Donaldo Ross, Delfín Benítez Cáceres y Leo Siegfried, fue complemento importante para que él me enseñara realmente los secretos de la posición de arquero”, afirmó el Profe Ochoa en la misma entrevista.

Uno de los primeros arqueros en emigrar

Al lado de Efraín el ‘Caimán’ Sánchez, el legendario Gabriel Ochoa Uribe fue uno de los primeros guardametas en actuar por fuera del país.Su estudio lo llevó a marcharse a Brasil, donde se graduó como médico con una especialidad en ortopedia y traumatología. A la par, continuó su carrera futbolística en ese país y jugó para el América de Rio de Janeiro, escuadra con la que fue subcampeón del Torneo Carioca de 1955 tras perder el título con Flamengo.

“Sin duda, mi formación académica y mi estructura profesional fueron definitivas en mi vida. Sobre todo, me sirvió mucho hacer la especialidad en ortopedia y traumatología porque me permitió tomar decisiones acertadas en los momentos justos. Creo que recibí un regalo de Dios y fue haber podido hacer la medicina de la mano del fútbol”, explicó Ochoa.

Lo demás, lo seguiremos contando en los próximos días. El doctor Ochoa dejó muchas más historias por contar…..