Inicio Copa del mundo A 70 AÑOS DE UNA HAZAÑA

A 70 AÑOS DE UNA HAZAÑA

314
0
Compartir

 

Era una tarde soleada de domingo, un 16 de Julio de 1950, en la ciudad de Río de Janeiro, se organizaba la primera final de una copa del mundo, luego del final de la segunda guerra mundial. Un partido que sin duda se consideró la más grande leyenda y proeza de la historia de las copas del mundo. La selección uruguaya dio el golpe en el mundial de Brasil en 1950, al vencer al anfitrión y al dueño de casa, ante los ojos de más de 200.000 almas en el estadio Maracaná, y ante los oídos de millones de brasileros que estaban detrás de un radio expectantes de una victoria de su selección. Una epopeya futbolística que genero un sinfín de marcas, anécdotas e historias para nosotros los aficionados a este deporte.

El diario “O Mundo” había puesto ese día en su tapa “Brasil campeón mundial 1950”, el estadio Maracaná amaneció rodeado y adornado de pancartas en portugués que decían “Homenaje a los campeones del mundo”, las autoridades de ese país habían estampado monedas conmemorativas con los nombres de los futbolistas de la selección, el gobierno le obsequió relojes de oro a cada uno de los jugadores, antes de que se disputará la final. Una banda musical tenía todo preparado para ejecutar el himno nacional local una vez el árbitro pitara el final del partido y se habían vendido ya quinientas mil camisetas que decían “Brasil campeón mundial 1950”. Mejor dicho, la fiesta estaba hecha y preparada.

El francés Jules Rimet, presidente de la FIFA había preparado un discurso solo en portugués, felicitando a los campeones del mundo. Los dirigentes uruguayos parecían conformarse con un resultado decoroso, con frases a los jugadores en el vestuario como “Somos Gardel si no nos hacen más de tres goles” o “Ya están cumplidos, muchachos”. A su vez, una delegación diplomática de la embajada uruguaya les pidió a los jugadores que tuvieran “una derrota digna”.

 

Nadie creía que Uruguay podría hacerle daño a Brasil, nadie, a excepción del líder y capitán de ese conjunto charrúa, Obdulio Varela, quién encerró a sus compañeros y los arengó con una frase histórica en referencia al ambiente y al contexto que estaba ocurriendo en el exterior del terreno de juego: “Los de afuera son de palo, en la cancha somos once contra once”.

 

¿Como fue el tramite del partido?  Brasil atacaba pero chocaba contra la recia defensa celeste o contra el seguro arquero Máspoli y el primer tiempo finalizó sin goles, y si ya con el empate Brasil era campeón, a los 2 minutos del segundo tiempo, el conjunto «verde amarelo» se pusó en ventaja a través de Friaça aunque el capitán uruguayo Varela logró opacar en parte los festejos tomando la pelota con sus manos y colocándola bajo su brazo para reclamarle al árbitro inglés George Reader una posición adelantada, pero como no se entendían (ni el uruguayo hablaba inglés, ni el británico, español) parecía un diálogo de sordos, pero así fue que el capitán celeste logró enfriar a la tribuna.

 

En el minuto 21, se produjo el empate uruguayo con anotación de Alberto Schiaffino que generó dudas en las tribunas, desde ese momento, y aunque el empate lo favorecía para obtener el título, la selección brasilera se lanzó al ataque empujada por el público, aunque Uruguay seguía defendiéndose bien y se acercaba cada vez con mayor peligro al arco brasilero, cuando a los 34 minutos, Alcides Ghiggia, se encargó de silenciar al maracaná cuando remato directamente al arco y superó la resistencia de Barbosa, el portero del país anfitrión.

 

Se había logrado lo imposible y se había alcanzado la gloria. Los jugadores uruguayos se abrazaban en soledad, ante un Maracaná enmudecido. Ghiggia era llevado en hombros de sus compañeros, y el francés Jules Rimet, presidente de la FIFA, que había abandonado su palco cuando el partido estaba 1-1 para bajar al túnel y recorrer los metros necesarios para aparecer en el césped y entregar la Copa, no entendía el silencio general hasta que se dio cuenta de lo ocurrido. La ceremonia del final fue a toda velocidad y le dio unas cortas felicitaciones a los jugadores del conjunto charrúa: “Estaba solo, con la Copa entre mis brazos, y sin saber qué hacer, y en el tumulto descubrí al capitán uruguayo, Varela, y casi a escondidas le entregué la estatuilla de oro y le estreché la mano sin poder decirle nada”.

 

Tras el partido, todo Brasil pero especialmente Río de Janeiro, quedó sumido en una tristeza absoluta. El fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano relató que Obdulio Varela, tras permanecer un tiempo con sus compañeros, y de carácter difícil, prefirió alejarse de aquellos dirigentes que no creían en el equipo, para mezclarse con los cariocas en bares y tabernas, hasta comprender su amargura. La derrota ante Uruguay marcó tanto al fútbol brasileño, que aunque por unos pocos partidos más siguió usando la camiseta blanca, la desterró por completo para pasar a usar pocos años después y de manera definitiva la «verdeamarela» con pantalones azules y medias blancas.

 

Con los años, en uno de los tantos homenajes que recibió en vida aquel partido (una canción, “Crónicas de la soledad”, de Larbanois y Carretero, cuentan el gol de Ghiggia y comienzan con el relato del partido por Carlos Solé), Ghiggia soltó una frase para la historia: “sólo tres personas lograron silenciar al Maracaná: (Frank) Sinatra, el Papa y yo”.

 

Y así fue, como se nació la leyenda del «maracanazo» un suceso que también marcó la infancia de quién sería el rey del fútbol, posteriormente; “Fue cuando vi llorar a mi padre por primera vez, en el Maracanazo de Uruguay, y frente a una radio, lo consolé y le dije a el: Un día voy a ganar la copa del mundo para tí, papá»”, expresó alguna vez el Rey Edson Arantes do Nascimento, Pelé. 8 años después le llevaría a su padre la copa del mundo desde Suecia.